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Psicomotricidad
Dirigida a niños de 3 a 8/9 años, que presentan alteraciones o trastornos del desarrollo de diferentes etiología.
Desde una concepción de niño, como ser humano integrante de un grupo familiar y comunitario específico, entendemos que la conducta está motivada y condicionada, tanto por los procesos biológicos y psicológicos, como por factores culturales y los modelos de crianza.
La Sala de Psicomotricidad le ofrece al niño, un espacio con un dispositivo material que le permite desarrollar y ejercitar las conductas propias de su edad.
Con una modalidad de intervención que parte de las capacidades y competencias del niño, se crean estrategias basada en la significación de la expresividad motriz, resultante de la actividad libre y autoinducida, acompañado por un terapeuta que permite la manifestación de las preocupaciones y problemáticas, así como de las emociones más diversas.
Contenidos
1. La sala de Psicomotricidad - Encuadre y Dispositivo
2. El espacio sensorio motor
3. Un espacio para dibujar, modelar y construir
4. ¿Qué es la psicomotricidad?
5. Acerca del jugar |
La sala de Psicomotricidad
Encuadre y Dispositivo
La organización de los objetos en el espacio, el material seleccionado para la actividad, el tiempo y la frecuencia de las sesiones, se disponen a modo de “constantes” que reaseguran al niño, lo predisponen para la actividad y facilitan la representación mental del espacio y de sí mismo accionando en ese espacio. |
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A su vez, estas constantes permiten observar la evolución de las acciones en relación al uso de los objetos, del espacio, del tiempo y de la relación con el terapeuta u otros niños. Un lugar equipado con cubos de espuma de poliuretano, invita a la “destrucción”de la forma original, destrucción que simbólicamente representa “transgredir y oponerse” al orden impuesto por el adulto. |
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El niño experimenta su fuerza, el cambio y advierte, en la reacción del adulto, la posibilidad de modificar, reconstruir, crear nuevas formas, en definitiva, un nuevo orden, su propio orden.
Permitir la “destrucción”, confirmarlo en la posibilidad de transformar el espacio, es habilitar el placer en la afirmación de sí mismo, sin culpa, sin dolor, sin trauma… volver |
| El espacio sensorio motor |
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| Este espacio, equipado para saltar, caer, deslizarse, balancearse, girar y trepar, promueve acciones que permiten vivenciar rupturas tónicas, la estimulación laberíntica y la sensación de perder momentáneamente los apoyos del cuerpo y los referentes visuales. |
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| La exploración autónoma de las posibilidades y limitaciones del propio cuerpo, favorece la toma de conciencia de sí mismo, la organización del esquema corporal y la configuración de la imagen de sí. |
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En este marco de seguridad física y contención emocional el niño se conecta con las emociones más profundas: sus deseos, sus miedos y temores, llegando a superarlos por la acción. |
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| Ciertos materiales promueven el investimento afectivo, el refugio, los contactos, la representación de acciones de la vida cotidiana facilitando su manifestación a través del juego simbólico. Volver |
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El espacio para graficar, modelar y construir...
Este espacio está organizado para facilitar la expresividad gráfica, plástica, la construcción y la expresión con predominio del lenguaje.
El acceso a las representaciones mentales requiere de un distanciamiento respecto de las propias emociones, de lo fantasmático y del cuerpo como eje de la acción.
El cambio tónico-emocional que propone este espacio, exige una descentración que le permitirá al niño funcionar a nivel metal sin actuar.
Utilizando técnicas de la plástica, tales como el modelado y el dibujo o las propuestas de construcción con bloques de madera o ladrillos, se promueve la elaboración de imágenes mentales, favoreciendo la representación. volver |
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¿Qué es la Psicomotricidad?
Difícilmente ha de entenderse una práctica tan compleja y tan profunda con sólo mencionar su nombre. Por ello nos parece conveniente señalar, aunque sea brevemente, a qué Psicomotricidad nos referimos en esta página y en nuestra práctica institucional.
Como en toda disciplina existen también en la Psicomotricidad, diferentes corrientes de pensamiento que en la práctica se traducen en diferentes maneras de abordar las problemáticas relacionadas al desarrollo de los niños. Estas diferencias surgen fundamentalmente de la concepción de sujeto que cada una de ellas sustenta y de las teorías que respaldan esas prácticas.
Así, existe un enfoque que posicionadoen “la falta”, en la disfunción y en lo que el sujeto no puede, aborda sus dificultades ubicando a la persona como “algo a reparar o a completar”. Enmarcadaen el conductismo, esta corriente ubica al sujeto como sujeto de reacción ejerciendo una práctica basada en estímulos externos que buscan provocar determinadas conductas.
Otro de estas corrientes denominada mecanicista, focaliza su práctica en el aspecto mecánico del movimiento descuidando lo psicológico, lo emocional y lo relacional. Esta segunda corriente ha dejado su impronta en el imaginario social, promoviendo la idea de una Psicomotricidad identificada exclusivamente con lo motor.
Y existe una tercera corriente, que asociada al nombre de su creador, el Prof. Bernard Aucouturier, ha dado en llamarse Práctica PsicomotrizAucouturier (PPA). Desde una concepción integral y somatopsíquica del ser humano, se enmarca conceptualmente en la Psicología, la Neurofisiología y en la Psicosemiótica, desarrollando una práctica basada en el apuntalamiento de los principales eventos del desarrollo psicomotor de los niños.
Entendiendo que la conducta, a la que denomina “expresividad motriz”, está motivada o impulsada por procesos biológicos y psicológicos, en su mayoría inconscientes, en la Sala de Psicomotricidad el dispositivo material le permite al niño ejercitar y desarrollar las conductas propias de su edad, así como manifestarse en sus preocupaciones y problemáticas. Con un modelo de intervención basado en la significación de esa expresividad, resulta un abordaje verdaderamente original con principios y lineamientos propios.
Crear un ambiente que promueva el desarrollo del niño, supone un lugar físico donde el niño pueda moverse y expresarse libremente; jugar, correr, saltar, explorar el espacio, los objetos y fundamentalmente sus capacidades.
Asegurar al niño frente a sus angustias, temores y miedos, favorecer la descentración necesaria para el acceso al pensamiento y fortalecerlo en sus capacidades y competencias, requiere de un adulto formado y disponible, capaz de comprender y contener la impulsividad motriz del niño para hacerla evolucionar hacia niveles cada vez más simbólicos, facilitando así el pasaje de la acción a la simbolización y a la representación. Volver |
Acerca del jugar
Tanto el concepto de Jugar como el de Límite, nos remiten al complejo proceso de la constitución subjetiva. Al respecto dice R. Rodulfo: “Partimos de un descubrimiento: no hay ninguna actividad significativa en el desarrollo de la simbolización del niño que no pase vertebralmente por aquel. No hay ninguna perturbación severa o de cuidado o significativa en la infancia que no se espeje de alguna manera en el jugar” (R. Rodulfo, El niño y el significante).
El juego ayuda a crear el registro simbólico de la acción. El Dr. Donald Winnicott señala el carácter de producción y revelador de los procesos de constitución subjetiva.
La posibilidad de jugar se presenta como el articulador entre lo emocional y lo mental, porque el juego traduce la vida emocional y psíquica del niño. Mediante éste el niño expresa sus temores, sus miedos, sus preocupaciones y deseos, así como la idea que tiene acerca de cómo y por qué suceden los acontecimientos en la vida real.
En él expresa las “hipótesis” más diversas acerca de aquello que lo preocupa: la vida y la muerte, la concepción y el nacimiento o el amor y el odio, por ejemplo. Sucesos que lo impactan desde el punto de vista emocional, suelen expresarse a veces, con demasiada crudeza; algunos de ellos, de cuya resolución depende su evolución, como los asociados al Complejo de Edipo y a la Omnipotencia Mágica; otros de carácter traumático, como las manifestaciones asociadas a experiencias de abusos, maltrato o abandono, serán expresadas a través del juego, pero su indentificación requiere de un observador formado con capacidad para intervenir de modo tal, que ayude al niño a superar los efectos perturbadores de esas experiencias.
El niño que está invadido por lo emocional, por el temor, por la angustia o por lo pulsional, no puede pensar, y por lo tanto, no está disponible para el aprendizaje. |
El juego, al que denominamos simbólico, es un importante indicador de la función, que pone de manifiesto la capacidad del niño de expresarse mediante símbolos, función sobre la que se edificará el lenguaje y la comunicación en general.
En el juego el niño proyecta sobre los objetos, diferentes cualidades: de fuerza y penetración, con elementos que representan espadas; de potencia, cuando con un palo dicen estar montados a caballo; o de atributos, cuando con una tela a la que llaman “capa”, dicen tener “super poderes” con los que pueden controlar el mundo |
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| La proyección de las cualidades de un objeto sobre otro, es una operación mental. Pero es necesario señalar, que la actividad del niño sólo tiene categoría de juego, en tanto sea una producción espontánea de aquel. Por lo tanto, no cumplen la misma función, aquellas actividades en las cuales es el adulto el que propone al niño representar un determinado rol. |
No podemos hacer jugar a un niño, sólo podemos promover y permitir que ello suceda…
Lic. Adriana Mabel García
Licenciada en Psicomotricidad
Texto reeditado en Junio 2009
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